
No me cansaré de decirlo, disfrutar de la comida es revolucionario. Aún así os quiero contar hoy un poco más sobre la importancia de llevar una alimentación deliciosa.
El placer, la satisfacción, la seguridad y la comodidad son sensaciones que guían nuestra alimentación, es decir, si algo (cualquier cosa) no nos produce placer, ni satisfacción, nos hace sentir inseguras e incómodas, ¿a cuento de qué vamos a repetir eso más veces?
Si no encontramos un beneficio en lo que hacemos, ¿para qué vamos a hacerlo?
Suena poco altruista, pero la realidad es que las sensaciones agradables nos ayudan enormemente en nuestra vida, generan emociones y recuerdos que vamos a querer volver a experimentar y, por tanto, volveremos a hacer aquello que las produjeron.
En mi profesión, yo siempre me preguntaba: ¿Quién va a querer acudir a mi consulta si la mayoría de las personas que han ido a nutricionistas (u otros profesionales) han recibido regañinas, se las ha infantilizado, estigmatizado y responsabilizado por tener “poca fuerza de voluntad” para llevar una alimentación “sana”?
¡Anda ya! Nadie quiere ir a una consulta de nutrición voluntariamente si sabe que la van a tratar así. Vamos, yo no lo haría, no os lo recomiendo.
Podríais pensar: “llevar una vida saludable ya es un beneficio, no tiene porqué ser deliciosa”. Pero esto pasa cuando nos creemos que el placer no forma parte de nuestra salud y en realidad es quien otorga más beneficios a la hora de crear hábitos alimentarios, puesto que, como bien os he dicho, si algo nos gusta, lo queremos repetir, nos cuesta menos repetirlo y lo mantenemos en el largo plazo.
Además, aguacateña, ¿para qué piensas que tenemos los cinco sentidos? Esta es la primera barrera de contacto con el medio en el que vivimos y estimular nuestros sentidos con alimentos, por ejemplo, genera una relación más agradable con la comida, más placentera.
Te pongo un ejemplo, “El pastel de verduras”.
Consiste en hervir diferentes verduras, ponerlas en un recipiente, cubrir con bechamel y hornear. Este es uno de los trucos de muchas personas para “comer más verduras”, en especial para introducir sabores nuevos.
¡Y tiene mucho sentido! El montaje del plato, la bechamel y el horneado aportan un aspecto apetecible, sabores y texturas agradables, el olor que desprende o el sonido al masticar invitan al placer. El hecho de que sea una comida deliciosa genera mayor sensación de bienestar, aumenta la satisfacción y la adherencia a los hábitos alimentarios.
También podemos comer sin placer, por supuesto. Pero hace mucho tiempo decidí que en mi consulta el placer sería un eje principal: disfrutar y encontrar una relación con la comida que fuera apetitosa, saciante y satisfactoria.
¡Y esto es revolucionario! Pues la cultura de las dietas lleva más de 60 años diciéndonos que “para estar guapas hay que sufrir”, y ahora nos toca revertir esa pedazo de patraña y qué mejor que hacerlo disfrutando de nuestro cuerpo, la comida y sus placeres.
¡Buen provecho, aguacateña!

Deja un comentario