
Bajo mi punto de vista y en el contexto que nos rodea, para que la alimentación sea más “saludable” debe ser también deliciosa, combativa y reflexiva. Necesitamos acercarnos a otros conceptos que también velen por nuestra salud y de forma integral.
Además del valor nutricional, el alimento tiene valor emocional y social. Es algo inherente a nuestra alimentación, no podemos vivir evitando esto, haciendo como si no fuera tan importante, no podemos vivir sin atender a nuestras necesidades en esos tres planos: nutrición, emoción y socialización.
Te dejo a continuación el porqué de una Alimentación transgresiva:
¿Qué quiero decir con “deliciosa”?
La Alimentación Transgresiva es deliciosa porque pone en el centro la satisfacción, la seguridad y la comodidad de cada cual, tres conceptos que no siempre se tienen en cuenta en las recomendaciones dietéticas porque es muy difícil evaluarlas cuantitativamente o generar normas más allá de “conocerse mejor a una misma”, el autoconocimiento.
Para esto podemos medir diferentes parámetros, desde la plenitud, la saciedad, el apetito, las preferencias y gustos, las sensaciones, los valores…
Disfrutar de la comida es revolucionario.
¿Qué quiero decir con “combativa”?
La Alimentación Transgresiva es combativa porque pone el foco en los sistemas de opresión, la injusticia social, los derechos humanos… La alimentación es transversal a toda nuestra vida, está implícita en las tareas domésticas, en el presupuesto familiar, en nuestros cuerpos. Es necesario elevar la lucha feminista al ámbito de la alimentación y es por eso que este espacio está politizado, porque aboga por un cambio en los sistemas.
Y una decisión política.
¿Qué quiero decir con “reflexiva”?
La Alimentación Transgresiva es reflexiva porque promueve el pensamiento crítico y se enfoca en la persona como principal conocedora de su alimentación, su cuerpo y su vida. Aunque esto parezca broma, es habitual que la alimentación o las pautas dietéticas se centren básicamente en el eje de la nutrición y muchas veces no nos percatamos de lo mucho que nos queda por reflexionar sobre cómo es nuestra alimentación teniendo en cuenta el contexto cultural, educativo y socioeconómico de las personas, la diversidad en todo su esplendor o el historial y mentalidad de cada persona.
Necesitamos escuchar más, escucharnos más.
Te dejo unas preguntas para practicar estos conceptos esto:
- ¿Has pensado alguna vez en cómo te das placer con la comida?
- ¿Cómo te afecta la carga mental de las tareas domésticas en tu alimentación?
- ¿Qué pasaría si no vuelves a subirte a una báscula?
Te animo a compartir conmigo la respuesta a esas preguntas.
Un abrazote y ¡hasta la próxima!

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