¿Por qué hay tres garbanzos en mi plato de pasta con espinacas?

Imagínate que llevas unas gafas puestas y las bajas ligeramente por el puente de tu nariz hasta la punta, para inclinar después la cabeza hacia delante y observar con detenimiento tu plato de comida.

Esas gafas que te dan perspectiva, esa inclinación que te permite reflexionar y ese movimiento para observar, representan el PENSAMIENTO CRÍTICO

Este gesto simbólico entraña una gran habilidad que a las aguacateñas nos gusta desarrollar. Porque muchos pensamientos de la vida cotidiana son susceptibles de ser cuestionados, no son la verdad absoluta.

Por ejemplo, ante la imagen de un plato con pasta con espinacas donde hay únicamente tres garbanzos, podríamos pensar:

1/ Los garbanzos aportan proteínas de alto valor biológico.

2/ Los garbanzos son para hacer que esa ingesta sea más equilibrada.

3/ Los garbanzos son de las sobras de un cocido que llevaba las espinacas.

Todas las opciones son válidas, aunque la tercera opción no está enfocada en “lo saludable” y es la que ocurrió realmente.

Una alimentación saludable no se puede determinar en un único plato y menos en un único ingrediente, ni siquiera en una comida (que llevara más de un plato), y me atrevo a decir que ni siquiera en todas las comidas de un día. 

La alimentación sirve para cubrir las necesidades nutricionales, sí, pero para eso tenemos multitud de oportunidades, no se reduce a una.

Por eso, no tiene sentido decir “saludable” a un plato o una preparación, no necesitamos que todos los platos tengan un alto valor biológico o que estén equilibrados nutricionalmente.

Esta flexibilidad a la hora de alimentarnos es importante, porque nos permite poner el foco en otros aspectos como la planificación (hacer un cocido el domingo que tengo más tiempo), el aprovechamiento (reutilizar a lo largo de la semana las sobras), el placer (incluir las verduras cocidas con otros grupos de alimentos más apetecibles) o la creatividad en la cocina (dejar fluir a tu imaginación con cada plato).

Llega el otoño y con él bajan las temperaturas, los días son más cortos, el ocio que realizamos es diferente, aparecen nuevos entretenimientos, volvemos a las clases o al trabajo después de unas vacaciones… 

En definitiva, nos adaptamos al entorno que nos rodea todo el rato y la alimentación también, pero esa adaptación tiene que amoldarse a tu vida en cada momento, debe ser práctica, asequible, sostenible… 

Por eso las fuckingdietas de adelgazamiento en septiembre tienen tanta acogida y promoción, porque de nuevo nos inundan con mensajes de “busca tu mejor versión”, “busco 10 mujeres que quieran verse mejor”, “pierde los excesos del verano”… WTF

La pena es que hablan de una versión más delgada (presión estética), no una versión que se adapte a tus necesidades y sea práctica en tu día a día, con los cambios que aparecen.

¡Qué va! 

Te enfocan de nuevo el autocuidado con la estética y, mira, aguacateña, eso es patriarcado, nada tiene que ver con la salud.

Entre el salutismo y el patriarcado, ya lo sabemos: ¡Estamos jodidas! 

Necesitamos un cambio de mirada en nuestra alimentación, porque su función es que nos sintamos plenas, saciadas y satisfechas. No frustradas, avergonzadas, con hambre e inseguridad.

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