
Este proyecto nace de mis entrañas, de mi barriga, de mis experiencias personales y profesionales, del camino recorrido para volver a sentirme. Como ya os he contado otras veces, la Alimentación Transgresiva es combativa. Se trata de un proyecto que lucha, que hace resistencia y ofrece una mirada transgresora sobre la alimentación y las corporalidades.
Sí, ¡también es agotador ir a contracorriente! Confieso que en muchas ocasiones he querido salir huyendo… Pero en un día como hoy, 4 de marzo, Día mundial contra la gordofobia, me vuelvo más humana que aguacateña, me acaricio las heridas, abrazo a mi niña interior y le digo: «La palabra gorda va a dejar de doler tanto».
El contexto determina la lucha.
Mi contexto y mis vivencias son las que han determinado este proyecto, la lucha antigordofobia es el motor de Aguacate y es por eso este verano fui a una formación de fin de semana con activistas gordas, organizado por Magdalena Piñeyro, para poner en remojo mis inquietudes, llevar esta lucha al ámbito colectivo, tejer redes y acuerparnos.
Nada más llegar a la formación me hicieron la siguiente pregunta y quiero compartir contigo mi respuesta:
¿Qué ha sido la gordofobia para mi?
“Hasta un punto de mi vida fue silencio e inseguridad constante, nadie hacía nada.
Un silencio tremendamente incómodo porque no sabía cómo responder a tal violencia, ni siquiera la identificaba, pero todo-el-rato estaba ahí, en la mirada de todo el mundo y, por supuesto, en la mirada interna.
Mis discursos internos eran el estigma del peso, el eco del entorno familiar, las dinámicas en el grupo de amigas, en la consulta del médico, en-todos-lados.
Hice muchas dietas desde los 10 años, pasé también un TCA, recuerdo que mi madre me acompañaba y apoyaba en cada intento, pero nada fue suficiente.
Nunca me sentí suficiente.
Incluso con 18 años me hicieron una cirugía maxilofacial y pensé “esta vez sí que sí, esta es la definitiva, no voy a poder masticar en meses”.
También decidí estudiar Nutrición humana y dietética. No voy a negar que también esperaba que tener muchos conocimientos en esta materia fuera la solución para entender qué estaba pasando. Supongo también que pensaba que la delgadez vendría con la profesión.
También pasé por una depresión después de la pandemia, pensaba “no puedo ni tragar de la ansiedad, pero mejor, así adelgazo”.
Estos son solo algunos ejemplos. Toda mi vida esperando al evento que definitivamente trajera esa delgadez.
Hasta que llegó la palabra gordofobia a mi vida y se convirtió en mi lucha.
Ahora la gordofobia es toda esta historia y mucho más, he conseguido vincular mi lucha a mi profesión, me he identificado como activista y, sobre todo, por fin me siento yo misma, como cuando era niña, pero ya no hay silencio ni inseguridad constante”.
Necesitamos escuchar más, escucharnos más.
Te agradezco enormemente que estés aquí, escuchándome.
¡Hasta pronto!
Un abrazo bien gordo.

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